Diente con diente
Mientras observo mi espalda desnuda en el espejo, comienza a recorrer mis vértebras desde abajo, una a una, lentamente…
Siento un escalofrío y cierro los ojos. Me tensa su contacto y para evitarlo pongo los dedos contra mi piel. Detesto los mordiscos de cremallera.
Despojada
El negocio de mi marido es próspero. Tiene una hermosa casa con gran jardín y un yate de larga eslora. En cuanto a mí, exceptuando que ahora me faltan los riñones, el hígado y el corazón, nunca me faltó de nada. Me quiso tanto que cuando inauguró su tienda le dio mi nombre:
CASQUERÍA SUSI: especialista en despojos
