Un cuento sabe cuándo finaliza y se encarga de manifestarlo. Suele terminar antes, mucho antes que la vanidad del narrador.

(Andrés Neuman)

Baralides



Exvoto

La niña tenía un vago recuerdo de una tarde de domingo en la que fue de visita a la Ermita cercana al pueblo. Su abuela le había dicho que iban a ofrecer la pierna de su padre. Lo que sí recordaba con claridad fue lo que hizo cuando volvió a casa: levantar las faldillas de la mesa para ver las dos piernas de su padre.



Descorazonada

Lo reconocí enseguida, era el corazón de Primigenia, mi vaca; mi sustento, mi única fuente de ingresos. No sabía cómo había ocurrido pero allí estaba, delante de mis ojos. Una parte hecha pedazos, otra todavía entera. Disculpen, ¿quién da la vez?