Exvoto
La niña tenía un vago recuerdo de una tarde de domingo en la que fue de visita a la Ermita cercana al pueblo. Su abuela le había dicho que iban a ofrecer la pierna de su padre. Lo que sí recordaba con claridad fue lo que hizo cuando volvió a casa: levantar las faldillas de la mesa para ver las dos piernas de su padre.
Descorazonada
Lo reconocí enseguida, era el corazón de Primigenia, mi vaca; mi sustento, mi única fuente de ingresos. No sabía cómo había ocurrido pero allí estaba, delante de mis ojos. Una parte hecha pedazos, otra todavía entera. Disculpen, ¿quién da la vez?
