Insucesso
No la buscan ni encuentran su cuerpo semidesnudo bajo un árbol. No cierra los ojos ni un tajo limpio atraviesa, de lado a lado, su garganta. No se le acerca por detrás para acariciarle el cuello ni un escalofrío recorre todo su cuerpo. No le arranca la ropa con brutalidad ni percibe el dolor de las quemaduras en sus pechos. No siente su aliento obsceno en la boca ni la vergüenza de las embestidas. No la lleva al bosque oscuro y silencioso ni la paraliza el miedo al oír los pasos que, desde hace tiempo, la siguen entre las sombras.
Él sigue esperándola pero ella, sin saber por qué, decide volver a casa por un camino distinto al de siempre.
Cuento rodado
Sin darse cuenta, comenzó a seguir el rastro de piedrecitas blancas que había en el camino hasta dejar atrás las casas del pueblo, las huertas, los campos y el paisaje conocido. Había perdido la noción del tiempo y era noche cerrada cuando decidió sentarse en una piedra al borde del camino para descansar. Las piernas no le llegaban al suelo. Sorprendido comprobó que no era más grande que un dedo pulgar. Se levanto despacio y muerto de miedo se encaminó hacia el cuento.
